El espectáculo de lo ocurrido en el sepelio de Nelson Mandela con el intérprete de lenguaje de personas sordas ha dado la vuelta al mundo por dos motivos: el primero porque según la asociaciones de sordos de Sudáfrica era un falso intérprete, pero lo peor es que ya conocían al personaje, que en otra ocasión anterior interpretó, durante el funeral de Albertina Sisulu, activista antiapartheid y viuda del también activista Walter Sisuslu. En aquella ocasión, un asistente grabó al supuesto traductor, Thamsanqa Jantjie, en acción y la asociación de sordos del país, la Deaf Federation of South Africa, denunció su actuación al Congreso Nacional Africano (ANC, en sus signas en inglés). La denuncia cayó en saco roto, como demuestra que fuera de nuevo el elegido para trabajar en un evento de la envergadura del memorial de Mandela, el político más famoso y admirado de la historia del país
Andries Van Niekirk, del instituto nacional de sordos (National Institute for the Deaf) explica que desde el primer momento cualquier persona que maneje el idioma de los signos pudo ver que Jantjie no traducía nada. “Hay un signo muy particular que usamos para nombrar a Mandela. Pues no lo conocía. Ni tampoco pudo deletrear su nombre. Todos sus gestos eran idénticos. Todo el rato. Y su rostro no comunicaba nada, cero”. Jantjie se ha defendido diciendo que sufrió esquizofrenia en el momento de traducir, pero Van Niekirk no lo cree. “Este hombre lleva años interpretando. En el entierro de Sisulu, en 2011, un asistente lo grabó y se denunció su actuación al ANC, pero lo ignoraron”, se queja. “Le contrató una empresa llamada South African Interpreters, pero sus dueños están desaparecidos. No responden al teléfono ni a los correos electrónicos. Antes interpretaba en juicios. No sé si lenguaje de signos, espero que no”.
Pero lo que no entiende nadie es que este personaje que ha declarado haber visto luces y que oía voces que le decían lo que tenía que hacer, un personaje que al parecer sufría de esquizofrenia no solo fuera contratado para este acto de tanto interés mundial, sino que pudo haber sido un peligro para cualquiera de los grandes cargos de más de cien países de todo el mundo asistentes a este acto.
Un fallo de las autoridades de Sudáfrica que ha dejado un mal sabor no solo en los asistentes sino en sus escoltas que en todo momento están observando hasta los más mínimos detalles y sin embargo, se les coló un “ pirao “ que pudo costar un disgusto si se le llegan a cruzar los cables.
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