Esta España mía, esta España nuestra, es una gran coctelera de la corrupción en la que participan la mayoría de los partidos impunemente, sin que nadie vaya a la cárcel o si se le imputa, su juicio se eternice y cuando los corruptos se sientan en el banquillo, han pasado tantos años que la mayoría de sus delitos han prescrito.Hoy nos ha llamado la atención una noticia que destapa una nueva forma de hacer turismo y con el dinero de todos los españoles.
La historia comienza en el pequeño pueblo de La Muela (Zaragoza) con una alcaldesa muy emprendedora, la Sra. Mariví Pinilla (PAR) que para que los habitantes de su pueblo conocieran otras culturas, otras ciudades, se le ocurrió la creación de unos viajes a destinos tales como México, República Dominicana y Brasil a precio de ganga. Los vecnos pagaban la módica cantidad de 300 euros y el resto lo subvencionaba el Ayuntamiento con dinero público. Como era de esperar a esos viajes no faltaba la alcaldesa que para eso se sacrificaba por sus vecinos.
“Es lo normal cuando te hacen precio de grupo”, defiende un vecino que compartió butaca de avión con la exregidora en varias ocasiones, y que ahora prefiere no dar su nombre para evitar problemas con detractores de la alcaldesa que levantó tres museos, un auditorio, un complejo deportivo y una plaza de toros.
Hoy, La Muela es un municipio plagado de instalaciones cerradas, que llegó a cortar la luz por falta de liquidez. Lo que sucedió entre medias fue una trama de corrupción que dejó una deuda en el Ayuntamiento de 25 millones de euros y un agujero tributario de 8,5.
La industria eólica encontró en esta localidad a 20 kilómetros de Zaragoza un lugar privilegiado. Se plantaron en sus alrededores 500 molinos. El dinero proveniente de la venta y alquiler de estos terrenos lo convirtió en uno de los más ricos de España. En 10 años quintuplicó su población: de 800 a 5.000 habitantes. El viento que los hizo crecer empezó a soplar en su contra cuando el 18 de marzo de 2009 se destapó la trama de corrupción urbanística que supuestamente había tejido durante años la alcaldesa.
El caso La Muela suma 45 imputados. Los principales son:
María Victoria Pinilla. Alcaldesa durante dos décadas de La Muela, presunta jefa de la trama de corrupción. Se enfrenta a 37 años de cárcel.
Julián de Miguel. Máximo responsable de Aranade, la empresa que supuestamente obtuvo favores de la alcaldesa para construir en unos terrenos municipales. El fiscal pide para él 26 años.
Carmelo Aured. Primo de la alcaldesa y mediador en los negocios urbanísticos del consistorio. Supuestamente cobró dinero ilícito que no declaró por sus gestiones. Podría ir 19 años a prisión.
Juan Carlos Rodrigo. Antiguo concejal y hombre de confianza de Pinilla. El fiscal solicita 17 años.
Tras cuatro años de instrucción, el escrito con las conclusiones del fiscal del caso detalla los regalos que recibieron tanto Pinilla como sus familiares a cambio de favorecer a las constructoras con recalificaciones irregulares: siete coches, la mayoría de alta gama, una pista de tenis, un banquete de boda, pisos en Cádiz, República Dominicana y Zaragoza... Según el documento, entre 2008 y 2009 Pinilla y su marido viajaron a Polinesia, Italia, Argentina y el Caribe. El fiscal estima que la familia recibió en nueve años casi tres millones de euros.
Gran parte de las operaciones irregulares destapadas en la Operación Molino se concentran en un inmenso terreno a las afueras del pueblo destinado a convertirse en una macrourbanización llamada Urcamusa Norte. El fiscal sostiene que la alcaldesa vendió este suelo público a un empresario amigo, Julián de Miguel, sin concurso previo y a cambio de fabulosos obsequios que quedaban registrados en una contabilidad b. Ese terreno, que se comenzó a urbanizar, muere poco a poco, cubierto de rastrojos y salpicado de agujeros, los que dejaron los ladrones de cobre al robar las tapas de las alcantarillas.
Un caso más de la autoridad de la alcaldesa y de sus trapicheos es el de Sandra Boullosa y Alberto Alloza que llegaron al municipio en 1998. Han sido testigos del crecimiento y la caída del pueblo. Su hijo se aficionó a la natación en las piscinas municipales, pero desde que cerraron tienen que desplazarse cada semana a Zaragoza para que el pequeño siga practicando. En esas mismas piscinas Boullosa trabajó nueve meses gracias a la mano divina de Pinilla. “Una vecina me dijo: ‘¿Quieres trabajo? ¿Por qué no vas a hablar con la alcaldesa?”. A los pocos días, estaba en el despacho de Pinilla y en unas semanas tenía un trabajo a cuenta del presupuesto municipal. Sin embargo, Boullosa se niega a creer que el caso de La Muela fuera especial: “Así funcionaba aquí y en otros pueblos”.
Un ejemplo más de los que ocupan un cargo no para servir a sus vecinos como es su obligación, sino para enriquecerse y vivir como ricos con el dinero que deben administrar.