El debate de anoche
en Atresmedia ha tenido momentos para cada uno de los representantes de cada
partido. Un Rivera que llegó muy eufórico y con ganas de aplicar el mismo
método que la noche anterior en la que muchos le dieron por ganador y ahí fue
donde se equivocó, porque se encontró enfrente a dos contrincantes que venían con
los deberes estudiados y no le permitieron sacar adelante sus tesis y le hicieron
un marcaje que le dejaron fuera de juego durante toda la noche.
El candidato de Ciudadanos volvió a insistir en las dudas sobre la tesis doctoral del líder del PSOE, llevando
el trabajo impreso al debate, pero Sánchez tenía preparada la respuesta y le
devolvió el libro del líder de Vox, Santiago Abascal, con Fernando
Sánchez-Dragó.
Sánchez apretó a Rivera con la extrema derecha —mucho
más que en el primer debate—, con su modelo de contrato único y con la
violencia de género. En este último punto el ataque del candidato del PSOE
indignó a Ciudadanos, que lo acusó de “juego sucio”. El líder socialista mostró
una carta enviada por la Junta de Andalucía a trabajadores públicos acusando al
Gobierno del PP y Ciudadanos de elaborar “listas negras” de profesionales que
se dedican a la violencia de género. Según la formación naranja se trataba de
un envío de información a particulares en cumplimiento de la ley.
Y empezó a calentase el ambiente apareciendo un PP con
Casado que solamente trataba a Sánchez de mentiroso y este a su vez al líder de
Ciudadanos.
En esta lucha dialéctica aparecía el Padre Pablo Iglesias
para decir que fueran más moderados, que no se insultaran que Dios los estaba
mirando.
El candidato de Ciudadanos no quiso cerrar la puerta a
pactar con Vox, aunque su modelo, dijo, es el andaluz, un pacto de Gobierno con
el PP, al que definió como el único otro partido constitucionalista. Casado no respondió a su mano tendida. Del líder popular se
diferenció con su apuesta por mantener la ley del aborto vigente y por regular
la eutanasia. “Señor Casado, rectifique para que en esta legislatura salgan
adelante la ley de muerte digna y de la eutanasia”, le interpeló.
Aunque volvió a arriesgar Rivera, el minuto final fue
más conservador y menos poético que el del lunes, que no funcionó bien.
Esta vez tiró de su historia personal, como catalán de padres comerciantes que
le han enseñado la importancia del esfuerzo, y aludió a su hija de ocho años,
Daniela. El broche, en consonancia con su campaña centrada en la identidad
nacional española: "Los españoles sois mi gran familia. Cuando estamos juntos
somos imparables. Hagamos historia, vamos".
¿Y qué decir del Sr. Casado?
Pues que estuvo mucho peor que en el debate anterior
porque esta vez a querido acorralar a Sánchez con gráficos y siempre se encontraba
con un Sánchez incapaz de callar y dispuesto a decirle a cada instante que
mentía en todo lo que estaba exponiendo.
No dio la talla de un representante del partido más
importante de la oposición
Pablo Casado intentó recuperar el terreno que cedió 24
horas antes a Albert Rivera como líder de la derecha y se mostró mucho más
agresivo con el presidente de Ciudadanos. En reiteradas ocasiones, Casado se refirió
al PP como el «único partido capaz de liderar el cambio» tras los diez meses de
gobierno socialista. Incluso disputó a Rivera el título de partido liberal.
Ayer no había amigos.
Sus contrarréplicas sorprendieron en parte al líder de Ciudadanos, que en
muchos momentos del debate se vio atrapado entre dos frentes con los ataques
directos del presidente del PP y los que continuamente le dedicaba Pedro
Sánchez. El candidato del PSOE también salió al segundo round del debate
con la estrategia clara de elevar su número de referencias a Vox, el gran
ausente de la cita.
El incremento de la tensión convirtió en muchos
momentos el debate en un rosario de insultos, frases por lo bajo e
interrupciones que obligó a los periodistas que dirigían el debate a recordar
que los espectadores no podían escuchar las intervenciones. Difícil labor
cuando Sánchez, Rivera y Casado luchaban por no dejarse arrebatar el
protagonismo dialéctico olvidando en muchos momentos sus propuestas
electorales.
Esta tensión volvió a demostrar la brecha
infranqueable que existe entre el bloque de la izquierda y el de la derecha a
cuatro días de la cita con las urnas. Rivera y Casado coincidieron en tenderse
la mano para pactar: «si tenemos un solo escaño más mandaremos a Sánchez, a Torra,
a Puigdemont y a Otegui a la oposición». El candidato de Unidas Podemos también
reiteró su apuesta por reeditar la alianza con el PSOE, aunque Sánchez prefirió
esconder su estrategia de alianzas poselectorales para asegurar que quiere
«cuatro años más de gobierno”.
El Presidente ha sido bastante agresivo en los
momentos que le trataban de mentiroso y dejó muy claro que nunca haría nada
para que Cataluña fuera independiente y que lo que no dejaba nunca de llevar a
cabo es el dialogo con todos los partidos.
Muchos momentos de brocas y al final todos se vieron
ganadores, aunque para nosotros, el Padre Iglesias ha sido el más tranquilo,
sereno y con las ideas bastante claras. Reiteró su apuesta por reeditar la
alianza con el PSOE, aunque Sánchez prefirió esconder su estrategia de alianzas
poselectorales para asegurar que quiere «cuatro años más de gobierno”
Pablo Iglesias, ha recordado a los
electores que "cuando la gente se mueve, cambian cosas". Ha insistido
en que se ha presentado como la única opción para garantizar un gobierno de
izquierdas: la alerta de que "los poderes económicos y los brazos
mediáticos" presionarán tras las elecciones para que el presidente Pedro
Sánchez se una a Ciudadanos
El presidente Pedro
Sánchez ha perfilado en su minuto de oro dos certezas: que si el PP, Cs
y Vox suman mayoría el 28 de abril "harán en España lo que han hecho en
Andalucía" y que el único partido que puede ganarles es el PSOE.
"Estamos muy cerca. Les pido que lo digan alto y
claro votando al PSOE", ha concluido Sánchez el debate, después de pedir a
los ciudadanos, como también hizo ayer en el debate de RTVE, una "enorme
moción de censura social" para frenar la desigualdad, la confrontación y
la corrupción.
El candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, ha utilizado su último minuto para recordar los
valores de esfuerzo y de libertad que le han inculcado sus padres y recalcar
que los españoles son "también su gran familia" y que juntos son
"imparables y más fuertes". Ha dicho que quiere ser el presidente
"que piense en el futuro de España" y ha pedido el voto para que el
28 de abril se pueda hacer historia.
El líder del PP, Pablo Casado, ha asegurado a los electores que "el único
valor seguro" es el PP si quieren "de verdad" un cambio. Por
eso, ha pedido el voto para "defender sin complejos la unidad
nacional" y se ha comprometido ante a los posibles votantes "a
servirles" y "dejarse la piel por lo que más importa" como es el
futuro de los hijos y el destino de España. ‘No les voy a defraudar", ha
concluido
Y así terminó un debate seguido por mas de nueve
millones de españoles que seguramente a estas alturas, si tenían dudas las han
podido disipar .