Según una macro encuesta que ha elaborado la consultora Llorente y cuenca, el PP perdería la mayoría absoluta de la que disfruta en la Comunidad Valenciana, en Castilla-La Mancha, en Madrid o en Cantabria.
La mayor derrota se la llevaría en la Comunidad Valenciana donde, con un horquilla de entre 38 y 40 diputados se quedaría muy lejos de la mayoría absoluta (50) y no sumaría ni con UPyD (entre 5 y 6 diputados) para mantener el Gobierno. La coalición PSOE (26-28), Podemos (15-20), Izquierda Unida (6-7) y Compromís (6-10) acabaría con años de poder monocolor del Partido Popular y sus sucesivos líderes: Eduardo Zaplana, Francisco Camps y Alberto Fabra.
Según esta encuesta Rita Barberá conservaría la alcaldía aunque necesitaría la ayuda de UPyD.
UPyD puede ser el partido que tenga la llave de la gobernalidad en el Ayuntamiento y en la Comunidad de Madrid. Según esta encuesta, el PP regional, que aún no ha nombrado a sus candidatos para esas dos plazas clave, no tiene a día de hoy nada segura la victoria. Obtendría entre 51 y 55 escaños en la Comunidad de un total de 129. Madrid está en el alero, pero podría seguir en manos del PP si gobierna en coalición con UPyD (entre 11 y 14 diputados). No obstante, y en función del resultado final de las elecciones, no es descartable una fórmula alternativa de la suma de Podemos (25-30) –que podría ser segunda fuerza política por delante del PSOE (24-27)–, e Izquierda Unida (10-14).
En el Ayuntamiento de Madrid el El PP (21-24) sólo podría gobernar con la ayuda de UPyD (5-7) para mantener la mayoría absoluta, fijada en 29 escaños. Igualmente, la vara municipal podría caer en manos de la izquierda. En este caso, el estudio otorga la misma previsión para Podemos y PSOE, entre 11 y 13 concejales a cada uno, que necesitarían igualmente a IU (5-7).
La intención de voto sitúa a Podemos por delante del PSOE en las ciudades con más de 50.000 habitantes (cobrando la mayor ventaja en las que tienen entre 100.000 y 1 millón de habitantes), mientras que el PP mantiene su mayoría en los municipios pequeños.
En Castilla La Mancha, Cospedal no podría revalidar su Gobierno de ninguna manera. Obtendría entre 13 y 15 escaños, pero sin capacidad para hacer frente a la bisagra PSOE (14-16), que quedaría ligeramente por encima del PP, y Podemos, que entraría en el Parlamento manchego con entre 2 y 4 representantes.
En Extremadura tampoco parece posible que se repita el Gobierno de José Antonio Monago gracias a la abstención de IU. De hecho, IU podría incluso no llegar a tener representación al quedar ligeramente por debajo del 5%, según la última encuesta de ámbito local publicada. El PSOE ganaría las elecciones con entre 26 y 29 escaños y Podemos entraría con entre 4 y 7 representantes.
En Aragón, Luisa Fernanda Rudi tendría que llegar a acuerdos con el PAR y UPyD. La formación magenta sería igualmente necesaria para el PP en La Rioja y en Castilla y León. En Navarra, la UPN de Yolanda Barcina seguiría siendo primera fuerza en un escenario muy fragmentado en el que, sin embargo, la suma de NaBai, Bildu, IU y PSOE podría poner en peligro, una vez más y como en anteriores elecciones, su gobierno. La llave aquí la volverá a tener el PSN de María Chivite.
Como pueden ver, el panorama se le presenta muy negro al partido del Presidente Rajoy, que si en el tiempo que queda hasta las elecciones llega a salirle una bomba de corrupción que afecte a la cúspide de su partido, entonces perdería en todas las regiones y ayuntamientos. La gente está muy cabreada y ni sus propios votantes le van a dar la confianza y le puede pasar como la UCD que de la noche a la mañana, pasó de la gloria al anonimato.
Más de tres millones de votantes parecen “olvidar” haber votado al PP en 2011, lo que supone un síntoma inequívoco de divorcio. Los votantes que están abandonando al PP (4,8 millones desde 2011), han ido a situarse, de manera mayoritaria, según este estudio, en lo que se podría denominar la “bolsa de indignados”, una “nueva abstención” de unos cinco millones de votos que flota en el centro derecha.
Una consecuencia muy relevante de esta caída en fidelidad de votos a los partidos tradicionales son las enormes transferencias desde PSOE e IU hacia Podemos: 1.000.000 y 400.000, a los que hay que sumar 1,4 millones procedentes de la abstención del PSOE en 2011. El PSOE se sostiene porque logra que vuelva una parte de sus tres millones de abstencionistas (sobre todo los de más edad), mientras que las bases sociales de IU están siendo absorbidas por la irresistible atracción de Podemos, si bien su respaldo mejora ligeramente el del 2011.