lunes, 12 de octubre de 2015

HOMENAJE A MI AMIGO LEONCIO CASTELLANO.


 


Ayer, un amigo, un compañero de docencia durante muchos años se convirtió en leyenda viva para los deportistas y ciudadanos de esta capital.


El pabellón de Tamaraceite fue bautizado ayer con el nombre de Leoncio Castellano Arencibia como homenaje al considerado propulsor del balonmano en Gran Canaria. Un merecido reconocimiento a una persona que ha entregado su vida a este deporte de manera altruista y desinteresada.


Leoncio ha pasado toda su vida ligado a dos de sus más grandes amores: la enseñanza y el balonmano. Por sus manos han pasado cientos de alumnos y deportistas a los cuales siempre trató de enseñar los grandes conocimientos que ha atesorado durante toda su vida.


De Leoncio lo único malo que se puede decir es que era muy duro en los entrenamientos, pero siempre buscando el mayor rendimiento tanto de los jóvenes, como de aquellos deportistas profesionales que tenía bajo sus órdenes.


En su currículo existen muchos años de docencia en varios institutos empezando en la Universidad Laboral y siguiendo en el Colegio San Antonio María Claret donde he tenido la suerte de compartir muchos ratos en sus aulas.


Equipos como el Canteras en la División de Honor, el Escaleritas y muchos más fueron enriquecidos con sus enseñanzas y con su buen humor. En cuanto a los equipos de colegios y federados, cientos de niños han compartido viajes a diversos campeonatos en la Península de donde regresaban con la alegría de la participación, del compañerismo y de la ilusión que Leoncio les infundía.


Ayer Leoncio seguramente se atragantó cuando dijo las siguientes palabras: Dijo sentirse «flotando, y embargado por los sentimientos», además, comentó que fue «increíble ver caras que no había visto en años, notar el cariño de toda la gente hacia mí, fue una emoción tras otra». Además, puso mucho énfasis en agradecer profundamente «a toda la gente que acudió al polideportivo, a todas las personas que hicieron posible este homenaje, también a todas las llamadas recibidas de jugadores, amigos y compañeros que no pudieron ir al acto pero que se acordaron de mí, estoy muy agradecido por todo este cariño».


Conociéndolo, como lo conozco, estamos seguros que le ha costado bastante expresar ese agradecimiento a aquellos que tuvieron la suerte de acompañarle en esos bellos momentos.


Por su esfuerzo en enseñar, por su tesón en lograr los objetivos que se proponía, por el cariño que siempre empleo en su trabajo, por su buen humor y sus grandes calenturas cuando creía tener razón, por ser una gran persona se ha merecido que un polideportivo de nuestra ciudad lleve su nombre.


No quisiera olvidarme de los libros que ha editado enseñando técnicas y tácticas del deporte que más amaba y que han servido como textos preparatorios en las escuelas de balonmano no solo de las islas, sino de otros lugares de España.


Aunque lamento mi ausencia y hubiera querido darle un gran abrazo a él y a su familia, desde mi modesto blog le envío mis felicitaciones y que sepa que siempre perdurará nuestra amistad.

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