Ayer escuchábamos con indignación al recién condenado y gran ganador de millones de euros en la lotería el dimitido militante del PP Carlos Fabra que ponía muy en duda que pisara la cárcel porque se va a permitir apelar y apelar la condena de cuatro años que le ha impuesto los tribunales, hasta que se aburran lo jueces, los fiscales y los abogados. No olvidemos que su juicio ha tardado en celebrarse diez años.
Pero si indignante es que este personaje saque pecho ante las decisiones de los jueces, mucho más grave es que siga manteniendo un cargo político y que no piense dimitir.
Carlos Fabra no ve razones para dimitir de sus puestos como miembro del consejo de administración de la Autoridad Portuaria de Castellón tras su condena de cuatro años de cárcel por defraudar casi 700.000 euros a Hacienda entre 1999 y 2003. Ni tampoco considera que eso sea óbice para dejar la secretaría general de la Cámara de Comercio de Castellón, cargo que abandonó en 1975 para dedicarse a la política y en el que se recluyó tras dejar en 2011 la presidencia de la Diputación castellonense.
Fabra compareció ayer en rueda de prensa en el hotel Doña Lola. Allí dijo que “por supuesto” iba a continuar como secretario general y como miembro del consejo de administración del puerto. “Allí estoy por la Cámara y no por la Administración”, se defendió. Sin embargo, fuentes de la Autoridad Portuaria de Castellón aseguran que el consejo sí tiene una silla reservada a alguien propuesto por la institución empresarial y designado y aprobado por el Gobierno valenciano. “Es el Consell el que debería destituirle”, dijeron. El puerto aseguró que mientras la Generalitat valenciana no decida lo contrario, Fabra seguirá ocupando el puesto, que no tiene retribución pero por el que sí cobra unos 300 euros netos por reunión.
El secretario general de los socialistas valencianos, Ximo Puig, exigió al presidente del Gobierno valenciano que “cese” con carácter inmediato a Carlos Fabra del consejo de administración del puerto y recalcó sentir “vergüenza” ante las manifestaciones del presidente de la Generalitat en las que asegura que “ya no tiene ningún cargo orgánico ni institucional”.
Si Fabra no encuentra motivos tras la condena a cárcel por defraudar a Hacienda para seguir en la Cámara de Comercio, tampoco los ve la presidenta de la institución, Dolores Guillamón, propietaria del hotel en el que compareció Fabra, que ayer le defendió durante un pleno ordinario que sirvió para refrendar su cargo. “Los delitos fiscales son un asunto que se refiere al ámbito de su economía particular, en una época en la que no trabajaba en la Cámara y que no ha afectado a la actividad de la misma”, dijo Guillamón nada más comenzar el pleno y advirtiendo de que “asume la relevancia de su imagen pública [la de Fabra]” en lo que pueda afectar a la institución. La presidenta hizo un respaldo sin fisuras. Recordó que Fabra tiene “la plaza en propiedad” y que el reglamento reconoce que el puesto de secretario general es “permanente e inamovible”, salvo destitución por ineptitud o falta grave en el ejercicio de sus funciones. Algo que ni la presidenta ni los empresarios ven.
Fabra mini mizó ayer su condena por cuatro delitos contra la Hacienda Pública reiterando su inocencia pese a la sentencia, que, como recordó en varias ocasiones, no es firme. El ex político acudirá al Tribunal Supremo y, “si fuera necesario”, ante el Tribunal Constitucional para insistir en la prescripción de los cuatro delitos fiscales. Pero descartó la petición de indulto, como han hecho otros miembros del partido. “Mi equipo de defensa y nosotros mismos hemos luchado por defender nuestra inocencia, en la que seguimos creyendo firmemente, pero el tema no era fácil y no lo hemos conseguido momentáneamente”, dijo. Tampoco dejó pasar la oportunidad de volver a arremeter contra los delitos fiscales, a pesar de que los magistrados han respaldado su “completo, minucioso y detallado informe”. Para Fabra, una inspección que debió durar 365 días “duró 1.053”, y eso le perjudicó. Nada dijo, sin embargo, de los 20 recursos presentados por su defensa y que también la sentencia detalló como una de las causas de la dilación del proceso
Una vez más un cacique de la política se marcha de rositas con solo 4 años de cárcel mientras que por tirarle una tarta en Francia a una Presidenta se sentencia en los tribunales españoles con dos años de cárcel a los que lo hicieron. Y conste que no estamos conformes con la acción de estos señores, sino por la cantidad de años a los que han sido condenados.
Pero después de escuchar todo lo dicho por el Sr. Fabra condenado a cuatro años por delitos fiscales, estamos seguros que no entrará en ninguna institución penitenciaria y que seguirá llevando a sus nietos al aeropuerto sin aviones en el que está su escultura para que todos le recuerden como un buen caudillo de las finanzas y un estadista gran jugador de loterías.
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