Aunque el Papa Francisco haya dado a entender que es tolerante con la homosexualidad, no nos engañemos, la Iglesia no tolerará ni acogerá en su seno a los que públicamente se declaren gays.
Si nos introducimos en el mundo del Arte y vemos la implicación de los grandes maestros sospechosos al servicio de la Iglesia nos damos cuenta que nunca les ayudaron con su problema, todo lo contrario levantaron recelos por su orientación sexual, por sus modos y sus costumbres públicas, fueron perseguidos y acusados de delitos de sodomía e incluyeron la visión erótica y sensual en la iconografía católica que adorna las paredes de las más sacrosantas referencias.
Veamos varios personajes históricos tales como Leonardo da Vinci(1452-1519),que levantó recelos porque “vestía una túnica rosa hasta la rodilla en un momento en que la mayoría llevaba túnicas largas”, informa el anónimo Gaddiano sobre las fórmulas del vestir del autor de La Gioconda. Era un hombre diferente y Salai, su ayudante más fiel y presunto amante, estaba acostumbrado a sus caprichos.
El pintor que se saltó todas las convenciones sociales, para el que una túnica nunca es demasiado corta si esconde unas medias bonitas, fue denunciado a los 24 años de prácticas homosexuales. Leonardo aprende en Florencia a cubrirse contra la humillación y el desprecio. Allí se le niega prácticamente todo lo que necesita y se conforma con lo que le dan.
Pero lo que peor llevó la Iglesia católica fueron sus estudios anatómicos y sus disecciones de cuerpos. El papa León X se cebó con él y multiplicó su maltrato con el desprecio. A Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) y Rafael Sanzio(1483-1520) les cubren con los paños calientes de los mejores encargos. El primero, recibe del papa Clemente VII, el encargo de descargar sobre los frontales de la Capilla Sixtina el mayor programa iconográfico católico. Pero el gran acontecimiento sentimental en la vida del artista fue Tommaso Cavalieri, un joven de 22 años, de familia noble, que admiraba la obra de Buonarroti y que logró arrebatar el corazón del artista.
La orientación sexual del artista aretino es de sobra conocida y se le reconocen relaciones con varios hombres, aunque se desconoce su intimidad ya que Miguel Angel creía que creaba mejor si se era fiel a la abstinencia sexual. El amor que sentía por Cavalieri le llevó a escribirle encendidas cartas –que acompañaba con dibujos con la excusa de que los copiara- en las que le aseguraba que le “amaba infinitamente más que a ningún otro”. El joven correspondía a los deseos del artista y le respondía: “Juro retornarle su amor. Jamás he amado a un hombre más de lo que lo amo a usted”. El discípulo acompañó al maestro hasta su lecho de muerte.
Entre los artistas más pintores de la Iglesia, cuya orientación sexual reprobaban, no podemos dejar de nombrar a Sandro Botticelli (1445-1510), que pintó la Adoración de los Magos para Santa María Novella, formó parte del comité para decidir la fachada de la catedral de Florencia y fue llamado por el papa Sixto IV para pintar los frescos de las paredes de la Capilla Sixtina (cuyo asunto era la supremacía del papado), fue denunciado a los 57 años de edad por un acto de sodomía con uno de sus ayudantes, de la que quedó en libertad. Vasari le describe en sus Vidas como “muy agradable, bien parecido, y que siempre tenía diversión en su taller, donde continuamente había jóvenes”.
La consideración de la Iglesia católica de Michelangelo Merisi Caravaggio(1573-1610) fue tan tormentosa como la que tuvo de Leonardo. Del entusiasmo a la decepción, donde encontró sus mayores protectores y sus peores enemigos.
Los biógrafos de Caravaggio dan por sentada su homosexualidad a partir de la posición que adoptan estos dos personajes, Baco enfermo y Chico mordido por una lagartija. En el primero, enseña los hombros, la sonrisa provocadora, los labios entreabiertos y sensuales, insinuaciones ambiguas, que nos invita a ver lo que esconde, muecas que los historiadores han recogido como insinuaciones sexuales. “Sus genitales están ocultos y, sin embargo, son visibles. Baco parece decir, mira mi sexo”, escribe el historiador Leo Bersani en Los secretos de Caravaggio, donde destaca la naturaleza insondable de lo erótico de sus primeras obras.
El contrapunto al naturalismo exagerado caravaggiesco fue Annibale Carracci (1560-1609), que no tuvo los problemas que su coetáneo con la Iglesia, a pesar de sus dibujos y retratos en los que se entrega a una atención precisa y delicada del detalle de los cuerpos adolescentes. Carracci se recrea en los ejercicios de representación de la fisonomía masculina y saborea captando las relaciones entre hombres.
La exaltación y glorificación del cuerpo masculino ayudó a la Iglesia a ser vista como una institución grande y poderosa. Para consumarlo, el Vaticano mantuvo estrechas relaciones con los homosexuales del momento que supieron iluminarla a los ojos de los creyentes.
¿Tendría la misma tolerancia el Vaticano con los artistas homosexuales actuales?
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