El SIZO número 1, es la única cárcel en albergar un corredor de la muerte en Bielorrusia. Este país exsoviético, Bielorrusia, es el último Estado del continente que todavía practica el asesinato legal de sus ciudadanos.
Pero en este país de bárbaros se aplica la pena capital con un disparo en la nuca. Pero lo más atroz es que los presos son avisados con un par de minutos de antelación.
Una vez cadáver, el cuerpo del reo se hace desaparecer y no se devuelve a sus familiares. Estos no tienen el derecho a enterrar a sus seres queridos.
Aunque nos parezca mentira lo que contamos es la puta realidad en el siglo XXI. Un ejemplo de la manera de impartir justicia en eses país queda demostrado con este caso.
En abril de 2011, la explosión de una bomba causó 15 muertos y más de doscientos heridos en el metro de Minsk, en la céntrica estación de Oktyabrskaya. Apenas 24 horas después del atentado, la policía detuvo a dos sospechosos: Dima Konovalov y Vladislav Kovalev. En menos de un año, ambos fueron juzgados, sentenciados a muerte y ejecutados. Tenían 25 años.
El proceso no tuvo las debidas garantías: los abogados solo tuvieron acceso a sus clientes una vez antes del juicio, durante unos minutos y rodeados de policías. El tribunal no aceptó ni una sola protesta de la defensa, por todas las de la acusación. No se aportaron pruebas de los explosivos utilizados en el ataque, ni siquiera un trozo de la bolsa de deportes donde se suponía que estaba la bomba.
La sentencia se apoyó en dos patas: un video de mala calidad de una cámara de seguridad donde se ve a un hombre con una mochila, supuestamente el autor del atentado y que según el tribunal sería Dima Konovalov; y la auto inculpación de los dos chicos en las horas posteriores a la detención, que podrían haber sido torturados según las principales asociaciones de derechos humanos. El juicio se desarrolló directamente en el Tribunal Supremo, para evitar la posibilidad de apelación.
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