jueves, 18 de julio de 2013

¿SE PUEDE SER ARTE Y PARTE?


¿Puede un hombre que ha de decidir sobre temas que pueden beneficiar o perjudicar al gobierno de turno, siendo militante de ese partido? ¿Puede el Presidente de un Tribunal Constitucional pertenecer a un partido determinado?

Según el alto tribunal no es incompatible ser magistrado con la afiliación a un partido políticos basándose en la Constitución, en la ley orgánica que rige la institución y en jurisprudencia dictada por el propio tribunal.

El tribunal recuerda que "el artículo 159.4 de la Constitución fija que la condición de miembro del Tribunal Constitucional es incompatible, entre otros supuestos, con el desempeño de funciones directivas en un partido político o en un sindicato y con el empleo al servicio de los mismos".

 En el caso de Pérez de los Cobos, el pago de las cuotas responde a su pertenencia en calidad de militante. Este supuesto está también prohibido para miembros del Poder Judicial pero el Constitucional no pertenece a ese organismo y tiene una regulación propia.

La ley orgánica del Tribunal Constitucional avala que los magistrados pertenezcan a partidos políticos y, al igual que la Carta Magna, les impide formar parte de los órganos de dirección.

En el mismo texto, el alto tribunal se basa en jurisprudencia dictada por él mismo en un auto del 16 de febrero de 1988 para defender a su presidente, que ha militado en el PP después de ser nombrado magistrado.

Espero que no sea yo el único en no estar de acuerdo en que un señor que ha de dictaminar sobre temas tan importantes como puede ser leyes tales como la de Aborto,  la nueva Ley de enseñanza del Sr. Wert o eldel plebiscito en Cataluña para la independencia esté en manos de un señor que milita en el PP. Lo más lógico – aunque este señor sea un caballero intachable,-  el pueblo llano no creerá en la objetividad de un militante sin tener que involucrarse en sus ideas.

Nos parece que un militante del partido que sea, no tiene que ser arte y parte en un conflicto ideológico porque siempre – aunque no quiera – estaría arrimando la brasa a su sardina.

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