Cada día se destapan nuevas noticias de la estancia de la “ amiga entrañable “ de su majestad el rey la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein actuó en España como si considerase que tenía todos los respaldos de La Zarzuela, a la vista de los datos que van trascendiendo a los que ha tenido acceso El Confidencial Digital. Por ejemplo, se presentaba como miembro de la Casa Real.
Según las informaciones que manejan estos servicios, una de sus actuaciones peculiares se resume en que llamaba a determinadas instancias del Gobierno español presentándose como miembro de la Casa Real.
Personas pertenecientes a cuerpos policiales que trabajaron en su entorno, en tareas de protección, comentan que Corinna exigía “ser tratada como una reina”.
Se ha sabido ahora que realizaba abundantes desplazamientos, tanto en coche como en avión, y que los gastos se cubrían con dinero de los fondos reservados. Ya se ha contado en estas páginas que exigía a su servicio vehículos de alta gama.
Del mismo modo, otros gastos que correspondían a sus estancias en España se abonaban con dinero procedente de los fondos reservados, según las mismas fuentes.
Las estancias de Corinna zu Sayn-Wittgenstein en España eran vigiladas y protegidas por miembros del Cuerpo Nacional y de la Guardia Civil integrados dentro de la Guardia Real, la unidad que tiene por cometido la protección de la Familia Real y sus residencias.
De acuerdo con las informaciones recibidas por ECD, los agentes que la custodiaban reportaban al jefe de seguridad de La Zarzuela. A él le entregaban las minutas tras los servicios realizados.
No obstante, el CNI (Centro Nacional de Inteligencia) ha estado al tanto de todos los movimientos de quien en los ámbitos policiales era conocida con el nombre en clave de ‘Ingrid’.
Los datos procedentes de los servicios de información concretan que Corinna residió de forma estable en España durante cuatro años.
Como se ha contado, ocupó la residencia ‘La Angorrilla’, una vivienda de alto estanding, ubicada en el Monte de El Pardo, una zona protegida, de acceso restringido, en la que se construyó también una piscina para que ella la utilizara.
De acuerdo con esas informaciones, con ella vivió también en dicha residencia, cercana a La Zarzuela, su hijo Alexander, de once años.
El tema de esta princesa se está convirtiendo en un tormento para la familia real y especialmente la Reina Sofía que después de todo esto aparece Andrew Morton para lanzar al mercado 'Ladies of Spain. Sofía, Elena, Cristina y Letizia: entre el deber y el amor' (La Esfera de los Libros). El biógrafo de Lady Di desgrana las supuestas gestas amorosas de don Juan Carlos y se atreve a afirmar que coqueteó descaradamente su fallecida amiga. Otro nombre que aparece en esta polémica obra es, como cabía esperar, Bárbara Rey.
Morton conoció muy bien a la malograda princesa de Gales y se enteró de que nuestro monarca había desplegado sus artes de donjuán con ella en el Palacio de Marivent. Le definía como "un hombre muy libidinoso", pero "no pasó nada". Queda claro, por tanto, que no se andaba con rodeos mientras echaba el anzuelo.
Sobre Bárbara Rey, vedette reconvertida ahora en carne de reality, Morton asegura que cobró del Estado hasta 1996 y que sus conversaciones privadas con el Rey fueron grabadas. Esta teoría encaja con declaraciones vertidas por la murciana, que insistió en la persecución a la que fue sometida por parte de los servicios de inteligencia patrios al haber estado vinculada a "un alto funcionario del Estado".
Don Juan Carlos, siempre según Morton, también se llevó al huerto a Rafaella Carrá, Nadiuska, Sandra Mozarowsky y Carmen Díez Rivera (jefa de gabinete de Adolfo Suárez). Al parecer, tenía predilección por las musas del 'destape'. Lo más llamativo es que también tuvo un affaire con Saritísima Montiel .
No sabemos si lo que escribe Morton es cierto o es ciencia ficción, pero que en estos momentos hace un daño irreparable a la monarquía no cabe ni la menor duda.
Entre estas noticias, la princesa y Urdangarín, la Casa Real debe estar pasando momentos muy desagradables.
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