Comienza
una guerra comercial después de que haya vencido el plazo que Estados Unidos
dio para sancionar a China y de que el país asiático haya contestado con sanciones al norteamericano, tanto con esta
decisión China va a restringir la venta de Wolframio –China produce el 80% de
un metal clave para la defensa y la Inteligencia Artificial– puede poner en
jaque esa industria. Eso es crecer menos…
Pekín
también ha impuesto aranceles de entre el 10 y el 15%, para el petróleo o el
gas natural, el carbón o maquinaria agrícola, sanciones que entran en vigor el
próximo 10 de febrero.
Esa
guerra arancelaria también amenaza con golpearnos en Europa y en España. Porque
estas guerras se saben cómo empiezan, y no cómo ni cuándo acaban. Y todo se
dirige y apunta a Europa. Y lo que va a pagar España va a ser una factura
milmillonaria de ida y vuelta.
España
exporta 16.600 millones a Estados Unidos en mercancías. ¿Qué nos estamos
jugando? Que encarezcan todo esto, que se pongan trabas a nuestra venta de
materiales, maquinaria e hidrocarburos por orden de importancia.
La
respuesta- no la puede poner España, las tiene que poner la Unión Europea y en
un terreno muy concreto (el gas natural) hemos dejado de depender de Moscú -con
la guerra de Ucrania–, pero hemos pasado a depender de Washington. Estados
Unidos nos vende el 28% del gas natural que importamos (más que Arabia Saudí,
que nos vende el 23%). Es nuestro primer proveedor. Así que sancionar el
gas natural significa encarecer nuestra factura energética.
Pero es el momento en el que
Europa debe unirse y plantarle cara a Estados Unidos y subir también los
aranceles de los productos que vienen a Europa del país americano y a lo mejor
el Sr. Trump se da cuenta que no es el rey del mundo y que por mucho que se lo proponga
si Europa quiere lo puede pasar muy mal su país pagándoles con la misma moneda
a de subida de aranceles.
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