Hoy me he pegado un empache de televisión que ni yo mismo lo puedo creer. He estado viendo el debate sobre la Ley de continuidad de Alarma y cuando subió el Sr. Abascal al estrado no me quería creer lo que decia aquel hombre.
En medio de la mayor emergencia sanitaria mundial de nuestra época, habló de comunismo, de Chekas, de Paracuellos y hasta del Che Guevara. Lo suyo no es amor, se llama obsesión.
Pero lo que más nos llamó la atención fue cuando se ha puesto a hablar del "odio histórico de la izquierda hacia los homosexuales" ante un atónito Pedro Sánchez (el actual líder del partido político que sacó adelante la ley del matrimonio homosexual en nuestro país). Ante el pasmo generalizado, Abascal ha vendido a su partido como ejemplo del respeto a los homosexuales.
El mismo partido, recordemos, que pidió enviar el Orgullo Gay a la Casa de Campo, y que aseguró que "impregnan el centro de la ciudad de un hedor insalubre e insoportable". El mismo político que comparó el matrimonio gay con "dos hermanas viudas" que se van a vivir juntas" y que preguntado por la adopción por parejas homosexuales argumentó que lo aplaudía si adoptaban a "un niño al que no quiere nadie". Por no hablar de otras salvadas pronunciadas por representantes de esta formación.
Pero este hombre cada vez que le oímos hablar en el Congreso nos da la impresión que odia hasta su propia sombra. En fin, que hoy los homosexuales de este país deben estar contentos al ver que ya no son unos enfermos y que la ultraderecha ya les entiende. Ver para creer. No sabemos si el discurso se lo escribieron y él no se dio cuenta hasta que lo dijo o si no se había pasado por alguna iglesia antes de ir al Parlamento y su ángel de la guarda le pidió que se portara bien con los homosexuales.
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