sábado, 2 de mayo de 2020

CAPITULO III DE UNA CIUDAD DE ENSUEÑOS.

CAPITULO III.
Fatma miraba el mar y los cruceros en el  Bósforo. Junto a ella un 
grupo numeroso de turistas alemanes y holandeses esperaban la 
llegada de un autobús para realizar las primera visita de un día 
soleado y luminoso. 
Fatma era una chica que haba tenido la suerte de estudiar en la 
universidad y licenciarse en Lengua Española, aunque hablaba muy 
bien inglés y alemán. Su padre era ingeniero industrial y su madre, 
profesora de secundaria. Tenía una hermana más pequeña que 
estudiaba económicas y vivía en la zona asiática de Estambul. Mujer 
muy alejada de costumbres arcaicas en el vestir, había cambiado sus 
gustos desde que regresó de España donde estuvo tres meses 
disfrutando de una beca de una institución española al finalizar su 
carrera. 
Madrid era para ella su segundo hogar, no podía olvidar sus paseos 
por el Retiro, el Rastro y los miles de objetos que se vendían o 
permutaban, las noches en la Calle Cardenal Cisneros y los vinos 
entrando en uno y otro establecimiento y sobretodo : La Plaza Mayor 
y el Teatro de la Ópera. 
Se sentía a gusto con su trabajo y con su vida. Vivía junto a su prima 
en un piso de tres habitaciones pero con una gran terraza que dejaba 


Pero hoy se encontraba cansada, había dormido muy poco. La llamada 
desde el Hotel SAPPHIRE, para atender a un cliente después de las 
doce de la noche y tener que salir de la cama, coger el coche y dejar 
tranquilo a un español temeroso de un mundo desconocido y cansado 
de 18 horas de viaje, la vuelta a casa le volvió a trasportar a aquellas 
tierras que tan amablemente le trataron. 
Fatma se siguió preguntando ¿Quién era aquel hombre rubio de ojos 
azules que estaba en el SAPPHIRE  intentando conocer algo de su 
querida ciudad? ¿Tendría la posibilidad de volver a charlar con él? ¿De 
qué región española  era originario? Y fueron tantas las preguntas 
que ella misma se hacía, hasta que llegó un momento que se 
preguntó: ¿No me habrá gustado demasiado de ese español con tan 
solo verle una sola vez y unos pocos minutos?  
Continuó explicando a sus clientes los edificios y el paisaje urbano 
que recorría aquel gran autobús y dejó de pensar lo que había 
ocurrido en la noche anterior.


15 DE Julio de 2.014 


Un buen café con leche, un pequeño pan con mantequilla y 
mermelada y un zumo de naranjas fueron suficientes para acompañar 
a las pastillas de cada día: Las de la tensión y  el protector de 
estómago eran mis compañeras cada mañana. Sin ellas seguramente 
no estaría a tantos miles de kilómetros de mi casa. 
Terminado el desayuno me dirigí nuevamente a recepción a dejar la 
pequeña tarjeta electrónica que abría mi habitación. Recibí los buenos 
días en español y el recepcionista con  gran amabilidad me insinuó un 
recorrido cercano al hotel ese primer día hasta que me fuera haciendo 
a las calles, la circulación y la ubicación de los lugares más 
interesantes.  También me propuso un tour con parada en diferentes 
lugares que salía muy barato y disponía de una guía. Le agradecí su 
amabilidad y me senté ante un mapa para situarme y ver donde 
estaba realmente. 
Me informaron que si quería visitar Santa Sofía o Topkaki podían ellos 
en la recepción facilitarme las entradas correspondientes con lo que 
me evitaban hacer grandes colas. Pedimos las de Topkaki que era 
donde pensaba pasar una hermosa mañana con un cielo de color 
turquesa y un olor a especies que llenaba todos los rincones de la 
pequeña calle peatonal donde se encontraba ubicado el hotel y en la 
 que se distribuían restaurantes en todos sus locales. Una calle que me 
conducía a la libertad: Un canario en una ciudad llena de misterio y de 
historia. 
 Me aseguré que la bolsa quedara con sus cremalleras situadas junto a 
mi ropa y no que pudieran abrirlas desde el exterior y empuñé con 
gran ilusión la cámara NIKON con la que esperaba conseguir cientos 
de fotos que me recordaran ese viaje para siempre. 
Me habían dicho en el Hotel que estábamos situados a escasos 10 
minutos de Santa Sofía  y la Mezquita Azul podía ir caminando pero 
me recomendaban una parada de autobús que me llevaría 
evitándome el cansancio y asegurándome la comodidad. La verdad 
que no sabía que hacer pero me decidí por caminar hasta mi primera 
visita cultural: Topkaki. 
La zona donde hay una mayor concentración de monumentos y sitios 
de interés es la de Sultanahmet donde está situado mi hotel. Aquí 
encontramos La basílica de Santa Sofía (ahora museo), la mezquita 
Azul, el Palacio de Topkapi, la Cisterna de Yerebatan y las columnas 
romana y egipcia. 
 Calculan que para verlo bien usaré como mínimo un día entero 
siempre que hoy no sea el día en el que alguno de ellos cierra. El 
Gobierno tiene legislado que el cierre se produzca un día a la semana, 
y se van alternando para no coincidir todos. Estambul posee un gran 
número de mezquitas, en su esplendor dicen que más de cíen. La 
primera que vi me sorprendió, y espero que al ir conociendo las demás 
nos daremos cuenta que  todas tienen una misma estructura. Los 
islamitas no buscan la suntuosidad que suelen tener las iglesias 
católicas, ellos buscan una atmósfera de oración y reflexión, que 
consiguen con la mezcla de la luz y los colores suaves de las paredes. 
Son espacios diáfanos, porque como ellos dicen, las mezquitas deben 
representar lo infinito de Dios. 
La Linea 1 del Tranvía: Sultanahmet  me dejó a las puertas del  palacio 
de Topkapi y con la gran suerte que estaba abierto de miércoles a 
lunes de 9:00 a 17:00 horas y cerrados los martes.  
Nuestro interés por este Palacio es que en él se refleja la mejor época 
del Imperio en Estambul y simboliza el poder que alcanzó 
Constantinopla como sede del Imperio Otomano donde los sultanes 
gobernaron este gran imperio hasta mediados del siglo XIX. 
Después de la toma de Constantinopla por Mehmed II se comienza su 
construcción que se termina e inaugura en 1465 y durante los años 
siguientes fue ampliado hasta  que en 1856 el Sultán Abdulmecid 
decidió trasladar su residencia al Palacio Dolmabahce un palacio de 
corte más occidental. 
El Palacio de Topkapi fue la sede administrativa del Imperio Otomano, 
uno de los tres imperios más grandes del mundo. Sin duda es el lugar 
histórico más importante que debe visitarse en Estambul. Por eso es el 
palacio más visitado de Turquía y uno de los más visitados de Europa 
 con unos 1.5 millones de visitantes al año. Después de la toma de 
Estambul, Fatih Sultán Mehmet durante un tiempo residió en un 
palacio bastante pequeño en Beyazit cerca del Gran Bazar, y entre el 
año 1475 y 1478 ordenó construir encima de las ruinas de una ciudad 
romana los edificios que serían las raíces del palacio de Topkapi. En 
los siglos posteriores, todos los sultanes enriquecieron y ampliaron el 
palacio con nuevas construcciones hasta el siglo XIX en que lo 
abandonaron. El nombre original del palacio es el Saray-i Cedide-I 
Amireíí pero el pueblo le llamó "Topkapi Sarayi" por los grandes 
cañones que estaban delante de la entrada. Cinco kilómetros de 
murallas rodean el palacio, el área total que ocupa el palacio es de 
unos 700.000 m². el doble que el Vaticano y la mitad de Mónaco. 
El palacio tiene una de las colecciones más ricas del mundo, junto con 
las dinastías de los Hausburgo de Austria y los zares de Rusia; en sus 
archivos están documentadas unas 65.000 piezas pero solamente el 
10% de esta colección está expuesta por falta de sitio y de personal. 
Unas 5000 personas vivían en el palacio, los miembros del palacio, 
altos directivos, servidores y soldados, y cada día otras casi 5000 
personas venían de visita al palacio... 
Cuenta con cuatro patios y múltiples edificios en su interior: sala de 
armas, cocina, establos reales, tesoro, museo y varios edificios de gran 
interés. 
De entre las múltiples partes que tiene el palacio, una de las más 
importantes es el Tesoro.

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