Una vez más, el Arzobispo de Granada sale en los papeles. Esta vez por el modelo de vida que lleva un hombre que predicando en la fe se lamenta de la situación de sus fieles por el problema económico en los que se encuentra la mayoría de los granadinos, y en la intimidad ha gastado la cantidad de 19.942 euros en viajes.
Esta cantidad la cargó a la diócesis en el año 2010. Un año en el que triplico sus gastos de desplazamiento.
La opacidad de las cuentas, la falta de transparencia y el secretismo existente en torno a los gastos del prelado, impiden determinar si esos cargos corresponden exclusivamente a pasajes de avión o incluyen también el alojamiento y la manutención. Tampoco constan los lugares que visitó ni el coste de cada uno de sus viajes. Al menos, que se sepa, no va en clase business. “El arzobispo siempre viaja en clase turista”, aseguran.
El prelado granadino acude cada año al ‘meeting’ del movimiento que Comunión y Liberación celebra en Rimini (Italia). También suele apuntarse a los congresos internacionales de Pueri Cantores (niños cantores). Fue al de Estocolmo (en 2009), Roma (2010) y al Washington DC (en 2013). En 2012 se trajo a Granada el Congreso Internacional de Pueri Cantores, que costó su dinero. ¿Quién lo pagó? Es un misterio que solo puede desvelar el arzobispo y algunos de su ‘séquito’.
El propio arzobispo, a través del Centro Internacional para el Estudio del Oriente Cristiano (ICSCO), creado por él, organizaba peregrinaciones a Líbano (Beirut, Trablos, Biblos, Tiro, Harissa…) antes de crear su agencia de viajes. En 2013, en plena polémica por la publicación del libro ‘Cásate y sé sumisa’, Martínez se fue de periplo por el Cuerno de África junto al arzobispo de Toledo. Fue el penúltimo viaje que los dos arzobispos hicieron juntos antes de que le advirtieran que sus excesos eran mal vistos por la Santa Sede.
El prelado granadino ha seguido viajando. En mayo de este año se fue a Australia para “fortalecer los lazos de comunión” entre la Iglesia de Granada y la australiana. Allí estuvo diez días, entre Melbourne y Sydney, que no están precisamente cerca (1.170 kilómetros por carretera y 710 en línea recta). En su periplo australiano participó con una conferencia sobre “la teología y pastoral en la crisis del dualismo”, un tema que no debe levantar pasiones entre los feligreses de su Iglesia. De regreso a Granada, volvió a hacer las maletas. Del 2 al 6 de junio de este año viajó a Minsk (Bielorrusia) para participar en el IV Foro Europeo Católico Ortodoxo. De todos esos viajes no hay huellas en los presupuestos. Son gastos generales de la diócesis o de los centros de estudios y sociedades mercantiles creadas por Martínez.
El prelado granadino viaja con tablet y móvil de última generación. Es como los ‘hippies pijos’, solo que neocon clerical. Le gustan las marcas italianas, aunque de cuando en cuando luce algún zurcido en sus chaquetas. En los últimos once años, desde que aterrizó en Granada, siempre ha pasado sus vacaciones fuera de España. Este verano, por primera vez, se quedó en tierra. Pasó el veraneo con su hermana -que también vive con él en el palacio arzobispal- en el pueblo alpujarreño de Trevélez.
Ni en los presupuestos de ese año, ni en los de 2012 y 2013, aparecen sus gastos desplazamientos. Pero sus viajes son vox populi entre el clero. Martínez se ha recorrido medio mundo y miles de kilómetros por España con cargo a la diócesis. Ha viajado por Tierra Santa en múltiples ocasiones (Siria, Líbano, Jordania e Israel). También ha estado en Ucrania, Bielorrusia, Italia (infinidad de veces, sobre todo, en Roma, Milán y Rimini), Polonia, Alemania, Francia, Linchestein (varias veces), Inglaterra, Estados Unidos, Brasil, Suecia, Australia, Etiopia y Portugal (Lourdes).
Es el único prelado de España que ha creado una agencia de viajes. Sus cuentas son tan enigmáticas como los viajes que Martínez carga a la diócesis, que se pagan con fondos públicos y el dinero de los feligreses. Pese a ello, el prelado no ha tenido reparos en quejarse de la escasa colaboración económica de los fieles de Granada ni en solicitar a las organizaciones eclesiásticas que recortaran dinero de las misiones para sostener la vida de la Iglesia diocesana. Tampoco se ha cortado la lengua para censurar la mentalidad de “pueblo subsidiado” de los españoles y la aspiración de los jóvenes de convertirse en funcionarios, algo que llego a tildar como “enfermedad social”.
Este impresentable personaje, es el mismo que ha mirado para otro lado cuando tres curas de su diócesis eran unos pederastas, y que la situación de estos curas y de un profesor de religión las conocía alguien a los cuales el viajero Martínez ha querido mantener en el anonimato y es el mismo personaje que no toma en serio ni al Papa Francisco negándose a ir a Roma a explicar lo que estaba ocurriendo con la pederastia en su clero.
Personajes como este no hacen ningún bien a la Iglesia y si consiguen que cada día el pueblo se vaya distanciando de todo lo que emane de esa Iglesia rica y derrochadora.
¿Nadie puede destituir a un personaje como este?¿Es que no existen leyes dentro de la Iglesia que condenen las actuaciones de este individuo?
Esperamos que desde Roma se ponga freno a las actuaciones de este fulano que solamente le interesa vivir como un millonario con el dinero que le aporta el gobierno de España y sus propios feligreses.
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