Una prelatura es una dignidad eclesiástica católica conferida por el Papa, frecuentemente honorífica, pero que puede incluir una jurisdicción territorial o personal (obispado, abadía, etc). El término deriva del latín prælatus, participio de præferre (preferir), sugiriendo que el prelado es un preferido en relación con el resto del clero.
En el derecho de la Iglesia Católica, la figura jurídica denominada prelatura personal fue prevista por el Concilio Vaticano II. El decreto conciliar Presbyterorum ordinis (7-XII-1965), n. 10, estableció que, para «la realización de tareas pastorales peculiares en favor de distintos grupos sociales en determinadas regiones o naciones, o incluso en todo el mundo», se podrían constituir en el futuro, entre otras instituciones, «peculiares diócesis o prelaturas personales».
Antes de ser erigido en Prelatura, el Opus Dei era ya una unidad orgánica compuesta por laicos y sacerdotes que cooperan en una tarea pastoral y apostólica de ámbito internacional. Esa concreta tarea cristiana consiste en difundir el ideal de santidad en medio del mundo, en el trabajo profesional y en las circunstancias ordinarias de cada uno.
Pablo VI y los sucesivos Romanos Pontífices determinaron que se estudiara la posibilidad de dar al Opus Dei una configuración jurídica adecuada a su naturaleza, configuración que, a la luz de los documentos conciliares, había de ser la de prelatura personal.
En junio de 1988 y contra la voluntad expresa de Juan Pablo II, el arzobispo Marcel Lefebvre consagró como obispos a cuatro sacerdotes de la Sociedad San Pío X (SSPX): Bernard Fellay (suizo), Bernard Tissier de Mallerais (francés), Richard Williamson (inglés) y Alfonso de Galarreta (español).
El Código de Derecho Canónico (apartado 1382) decreta claramente que "el obispo que confiere consagración episcopal sin mandato pontificio, así como quien la recibe, incurre en excomunión latae sententiae", es decir, automática, sin necesidad de sentencia pública. Pero para que no hubiera dudas, Juan Pablo II mediante un "motu propio" llamado "Ecclesia Dei" decretó su excomunión mencionando a los prelados.
El pasado día 21 el cardenal Giovanni Battista Re, prefecto para la Congregación de los obispos, por encargo del Papa y con su autoridad, firmaba el decreto que levanta la excomunión a los 4 obispos ilícitamente ordenados por el arzobispo Marcel Lebebvre en 1988
El Papa ha confirmado que aquella excomunión fue válida (cosa que los lefebvrianos niegan), pero la levanta porque el actual líder lefebvriano, Bernard Fellay, lo pidió en una carta del 15 de diciembre de 2008, asegurando que "siempre hemos estado firmemente determinados en nuestra voluntad de permanecer católicos", "aceptamos las enseñanzas de la Iglesia católica romana con piedad filial" y "creemos firmemente en el Primado de Pedro y sus prerrogativas".
¿ Pero que existe detrás de este perdón a los lefebvrianos?
Muchos católicos piensan que la Iglesia se ve en aprietos para lograr devociones. Cada día son menos los sacerdotes que se ordenan, son menos los fieles que asisten a las misas, la sociedad se implica cada vez menos con la iglesia oficial romana, no así con el cura de barrio, el cura que está en los hospitales , el que está en las cárceles, en los barrios obreros o comprometidos con los pobres. Entonces en esa situación llega Benedicto XVI y dice: Vamos a perdonar a los lefebvrianos y tendremos dentro del seno de la Iglesia 1.128 clérigos, entre sacerdotes, seminaristas, monjes y monjas, incluyendo algunos de ritos orientales (por ejemplo, hay 30 seminaristas católicos ucranianos de rito bizantino). Si se incorporaran plenamente a la Iglesia, ésta se reforzaría con 491 sacerdotes, 215 seminaristas, 117 monjes, 164 religiosas y 5 conventos carmelitas. Sería un apoyo en 31 países, con 6 seminarios, 2 universidades, 88 escuelas y 159 prioratos.
Y aunque aún colean las declaraciones del Obispo Richard Williamson (inglés) que decía que el Holocausto nunca existió ni las cámaras de gas y que no murieron seis millones de judíos y si acaso murieron algunos no pasaron de una ridícula cantidad .Este Obispo ha levantado protestas en todo el mundo al negar los crímenes del fascismo.
La prelatura es la "solución canónica" que propone la Santa Sede, según reconoció posteriormente el portavoz vaticano, Federico Lombardi, para acabar con el cisma provocado en 1988 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre, contrario a las reformas en la Iglesia, que ordenó a cuatro obispos sin permiso del papa, consiguiendo ser excomulgado por Juan Pablo II. Hace dos años, Benedicto XVI revocó dichas excomuniones y, como gesto de acercamiento, volvió a permitir las misas en latín.
¿ Gana la Iglesia con la entrada de estos católicos ultras en la Iglesia de Roma?¿ Seguirán la doctrina Vaticana o continuaran llevando a la sociedad ideas arcaicas más propias de regímenes totalitarios?
Su Santidad el Papa sabrá lo que hace que por eso es infalible. Pero creemos que la Iglesia bajo su mandato se está escorando cada día más hacia la intolerancia y el ordeno y mando.
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