viernes, 11 de septiembre de 2009

ADIOS A MARIA

Hoy hemos despedido a una compañera, que desde que entró en nuestra vida, ha sido siempre una persona fiel a sus principios, defensora de la verdad y sobre todo en la que podías confiar con los ojos cerrados.
En un restaurante de esta capital, no reunimos treinta y tantos compañeros y compañeras para decir adiós a María, una mujer que ha dejado tras de sí una estela de amistad y de buen talante.
La verdad que valió la pena la reunión porque pude saludar nuevamente a amigos que hacía mucho tiempo que no veía, pude degustar una buena comida amenizada con los chistes y la gracia de Pedro Domínguez o Lolo, y el acompañamiento de personas que han sido algo importante en mi vida y que hoy siguen siéndolo.
Podía acabar esta crónica y la mayoría de ustedes se quedarían sin saber quién era nuestra homenajeada. Pues bien, María es una persona alta de ojos y pelo oscuro, sonrisa en los labios en todo instante, aunque cuando deja de sonreír y se introduce en el papel de profesora dura y exigente sacaría un sobresaliente. Madre de dos preciosas niñas de sangre canaria y alemana, una mezcla poco corriente aunque en este caso con excelentes resultados.
María está casada con un alemán simpático y agradable como amigo, como esposo y excelente como padre: Holgar. (A lo mejor no he escrito bien su nombre pero en alemán siempre obtuve cero de nota).
María deja nuestro Centro Educativo y camina hacia un nuevo horizonte en su vida profesional, ha pasado a un Instituto donde a partir de este Curso llevará a sus alumnos el bagaje de años de enseñanza, sacrificio y constancia en su profesión.
El destino ha querido que María no siga con nosotros, aunque si estamos seguros que siempre estará allí donde la necesitemos, siempre estará pendiente de cómo te encuentras o como se encuentran los tuyos, siempre sabremos donde podemos confiar en una persona con la que compartimos muchos años de vigilancias en los patios, visitas de padres, claustros, fiestas, y momentos de angustia y pena cuando a nuestra puerta ha tocado la desdicha.
Y termino, deseando a mi querida amiga y compañera, que siga siendo la misma, que no cambie, que siga dedicándose a los adolescentes con los mismos métodos con que ha sabido ganarse el recuerdo y el cariño de miles de seres que han pasado por su aula.
María, hoy he querido hacerte mi homenaje particular con estas letras que espero guardes como un recuerdo de uno de tus más fieles amigos.
Adelante amiga mía y que la suerte siga siempre contigo.

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