"Te has pasado por la cara mi autorización, donde no te permito que mi hija vaya a charlas de mujeres, porque no cree en la violencia de hombre a mujer".
Esta es una nota que envía un padre a la
maestra de su hija coaccionándola por lo que este hombre está imputado y para
el que la Fiscalía pide una pena de un año y tres meses de cárcel
Se enfrenta a un delito cometido contra
el ejercicio de los derechos fundamentales y de las libertades
públicas garantizadas por la Constitución y a un delito de coacciones
leves, según recoge la fiscal Susana Gisbert en su escrito de calificación
provisional. En cuanto a las coacciones, concurre la circunstancia agravante de
reincidencia.
El 27 de noviembre de 2019, el
acusado, sobre las 14 horas, abordó a la salida del colegio de su hija a su
profesora. Está ubicado en una localidad de la provincia de Valencia.
Al verla, el hombre le dijo: "Te
has pasado por la cara mi autorización, donde no te permito que mi hija vaya a
charlas de mujeres, porque no cree en la violencia de hombre a mujer".
La profesora es también miembro de la Junta Directiva del Centro.
Este hombre se refería a una charla
impartida acerca de la Federación Autonómica de Asociaciones Gitanas de la
Comunidad Valenciana, aprobada tanto por el centro como por la AMPA.
La profesora le reiteró al hombre que la
charla no se refería al tema de la violencia de género, pero pese a ello, continuó
gritando y afirmando que lo que hacían era "adoctrinar" a los
alumnos. También le aseguró que al día siguiente iría con su abogado a
denunciar lo que estaban haciendo, así como a la televisión y al partido
político Vox.
La profesora denunció los hechos el mismo día en que se produjeron. La Fiscalía pide un año y tres meses de cárcel para el acusado, además del pago de una multa de 3.300 euros y la pena de inhabilitación especial para profesión u oficio educativo, en el ámbito docente, deportivo y de tiempo libre durante cuatro años.
Así mismo, el ministerio público
reclama el alejamiento a una distancia de 300 metros y la prohibición
de comunicación con la víctima durante seis meses.
Esta vez se ha podido poner freno a un
personaje que no ha respetado ni a la persona ni a la profesión de la que educaba
a su hija. Personajes como estos hay muchos, lo que pasa es que la mayoría de las
veces los docentes callan por no tener problemas. Pero ya es hora de poner
freno a estos energúmenos que no solo no saben educar a sus hijos, sino que
además pretenden convertirse en sus maestros.
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