España en los últimos años parece que no tiene suerte
con la elección de los ministros del Interior, o al menos así lo parece por las
actuaciones que llevan a cabo en sus cargos.
El
Ministro Zoido tiene una imagen pública de la de un ministro envuelto en múltiples
polémicas. Se le critica su falta de previsión y
una improvisación constante ante situaciones que siempre define como
“extraordinarias” y “difíciles” y para las que acostumbra a encontrar un
culpable externo.
A su
llegada al cargo no ha conseguido eliminar la
estructura de su antecesor, sino que la ha reconstruido con personas de dudosa
capacidad.
Con
él llegaron a Madrid una decena de amigos y colegas del partido en Andalucía a
los que ha ido colocando en diferentes
altos cargos en los que no tienen experiencia. Entre ellos destacan
Germán López Iglesias, actual director de la Policía y ex delegado del Gobierno
de Extremadura, donde creció Zoido; José Manuel Holgado, colega de magistratura
del ministro y ahora nuevo director de la Guardia Civil, y José Antonio Nieto, ex
alcalde de Córdoba y actual secretario de Estado de Seguridad.
Gregorio Serrano, amigo personal del ministro,
su teniente de alcalde en Sevilla y, actualmente, al cargo de la Dirección
General de Tráfico, estuvo en el centro del primer escándalo del Ministerio
tras conocerse que Interior le dio a dedo un piso en Madrid propiedad de
la Guardia Civil y que pagó con dinero público una reforma integral por valor
de 50.000 euros. Y últimamente por el problema de la nevada y su forma de
culpar a todo el mundo incluidos los automovilistas en día de Reyes en la
carretera de Madrid a Segovia.
Pero
uno de los problemas más grandes con que se encuentra el Ministro es con la
hipotética llegada de Puigdemont a España
mañana y presentarse en el Parlamento Catalá. Si Puigdemont lo
consiguiera sería la muerte política del Sr. Zoilo porque sería el hazmerreír
de todo el pueblo español.
Y
por último, Interior gastó 87 millones de euros en la
llamada Operación Copérnico, pero el precio que está pagando por este
despliegue es mucho más alto. Los propios policías denunciaron el “desastre” del operativo policial
del día del referéndum. El departamento de Zoido no fue capaz de localizar las famosas urnas chinas, le fue
imposible frenar la impresión y distribución de las papeletas y, sobre todo, no
fue capaz de impedir que millones de catalanes votaran.
Nos parece que si se
le complica la situación en Cataluña, el Sr. Zolio tendría que volverse a
Sevilla con sus amigos fracasado y apaleado.
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