lunes, 29 de enero de 2018

POR TIERRA, MAR, AIRE O PORTABULTOS.


España en los últimos años parece que no tiene suerte con la elección de los ministros del Interior, o al menos así lo parece por las actuaciones que llevan a cabo en sus cargos.
El Ministro Zoido tiene una  imagen pública de  la de un ministro envuelto en múltiples polémicas. Se le critica su falta de previsión y una improvisación constante ante situaciones que siempre define como “extraordinarias” y “difíciles” y para las que acostumbra a encontrar un culpable externo.
A su llegada al cargo  no ha conseguido eliminar la estructura de su antecesor, sino que la ha reconstruido con personas de dudosa capacidad.
Con él llegaron a Madrid una decena de amigos y colegas del partido en Andalucía a los que ha ido colocando en diferentes altos cargos en los que no tienen experiencia. Entre ellos destacan Germán López Iglesias, actual director de la Policía y ex delegado del Gobierno de Extremadura, donde creció Zoido; José Manuel Holgado, colega de magistratura del ministro y ahora nuevo director de la Guardia Civil, y José Antonio Nieto, ex alcalde de Córdoba y actual secretario de Estado de Seguridad.
 Gregorio Serrano, amigo personal del ministro, su teniente de alcalde en Sevilla y, actualmente, al cargo de la Dirección General de Tráfico, estuvo en el centro del primer escándalo del Ministerio tras conocerse que Interior le dio a dedo un piso en Madrid propiedad de la Guardia Civil y que pagó con dinero público una reforma integral por valor de 50.000 euros. Y últimamente por el problema de la nevada y su forma de culpar a todo el mundo incluidos los automovilistas en día de Reyes en la carretera de Madrid a Segovia.
Pero uno de los problemas más grandes con que se encuentra el Ministro es con la hipotética llegada de Puigdemont a España  mañana y presentarse en el Parlamento Catalá. Si Puigdemont lo consiguiera sería la muerte política del Sr. Zoilo porque sería el hazmerreír de todo el pueblo español.
Y por último, Interior gastó 87 millones de euros en la llamada Operación Copérnico, pero el precio que está pagando por este despliegue es mucho más alto. Los propios policías denunciaron el “desastre” del operativo policial del día del referéndum. El departamento de Zoido no fue capaz de localizar las famosas urnas chinas, le fue imposible frenar la impresión y distribución de las papeletas y, sobre todo, no fue capaz de impedir que millones de catalanes votaran.
Nos parece que si se le complica la situación en Cataluña, el Sr. Zolio tendría que volverse a Sevilla con sus amigos fracasado y apaleado.

 

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