En mis recuerdos como docente, nunca me encontré con escenas de violencia entre padres y profesores. Quizás el motivo fuera que las familias que tenían a sus hijos en nuestro centro de enseñanza, eran personas con una preparación cultural y universitaria, aunque también existía gente de menos nivel cultural muy trabajadora y comprometida con sus familias.
El respeto es la base de la relación familia- escuela. Ese respeto se debe notar no solo en las entrevistas personales, sino también en el hogar cuando el alumno discrepe en la forma de actuar de su maestro o maestra. Si por querer dar la razón al niño, se hace un comentario contra el profesor/ra , desde ese momento, el alumno/a ya tiene abierto el camino para seguir haciendo su santa voluntad y para no tenerle respeto a la persona que lo está formando.
Las consecuencias de actitudes así harán crecer una planta con unos frutos enfermos muy difíciles de salvar. Me explico:
Los padres son los verdaderos educadores de sus hijos y el hogar es el modelo que hace que el alumno reciba los valores necesarios para comunicarse con el resto de sus compañeros y con sus formadores, en este caso, sus profesores. Pero actualmente, muchas familias consideran más sencillo dedicarse a sus asuntos entre los que están el hacerse cada vez más ricos y poseer medios materiales que les permitan relacionarse y vivir sin problemas. No quiero decir que eso sea malo, lo malo es que para conseguir esos objetivos, abandonan la educación en la familia y la dejan en manos de los maestros y de la escuela.
Por otra parte, se ha perdido el trato respetuoso del alumno/a con sus formadores o educadores, han creído que son “ colegas” que son sus amigos, y algunos terminan confundiéndose y creyendo que pueden hasta faltarles el respeto.
Yo puedo decir que tuve suerte, nunca he dejado que los alumnos/as se consideraran colegas míos. Yo era su maestro y ellos eran mis alumnos y entre nosotros existía una gran zanja que no les dejaba saltar a la que yo siempre he llamado respeto.
Tengo por esos mundos de Dios, miles de personas que han sido mis alumnos y si me ven o les veo me siguen teniendo el mismo cariño y el mismo respeto.
Cuando la familia se cree con derecho de avasallar al docente puede ocurrir como la noticia que he leído hoy y que ha sido la base de este escrito.
• Un día de colegio, en febrero de 2009, María Soledad E. H. acudió al centro público en el que estudiaba su hija para darle un huevo de chocolate a la niña. La madre se disponía a dar a su hija el regalo cuando la profesora que cuidaba a los alumnos advirtió a María Soledad de que lo que hacía iba en contra de las normas y que no podía estar en el colegio. La madre respondió con una paliza e insultos a la profesora . La profesora recibió patadas, puñetazos y tirones del pelo, sufrió una caída y fue insultada. A consecuencia de ello tuvo que estar dos meses de baja y necesitó rehabilitación para recuperarse de las lesiones sufridas.
• Dos años y medio después, un juzgado de Bilbao ha emitido una sentencia condenatoria contundente: dos años y un día de cárcel por delito de atentado contra la autoridad y un año y tres meses por lesiones, junto con una indemnización de 5.089 euros. En total, más de tres años de cárcel, una condena que hará que María Soledad ingrese en prisión, por tratarse de una condena superior a dos años y porque la mujer contaba con antecedentes
Hemos querido traer esta noticia que sirve de ejemplo de miles de casos que están ocurriendo en nuestras escuelas y que rompen la convivencia entre docente y familias.
En situaciones así, una profesión de las más hermosas del mundo se convierte en una actividad peligrosa y depresiva.
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