Nuestra tierra canaria ha tenido siempre buenos escritores, poetas y pintores,
además de músicos y cantantes que han dado la vuelta al mundo con el nombre de
sus islas.
Pero quizás, hemos tenido un escritor que ha dejado una gran obra que
actualmente se sigue leyendo en todo el mundo. Este escritor no es otro que Don
Benito Pérez Galdós con sus Episodios Nacionales o de obras como Fortunata y Jacinta.
El pasado sábado se cumplieron los 100 años de su muerte en el Madrid que
lo acogió como un hijo cuando sus paisanos casi ni le hacían caso alguno.
Murió en su querido Madrid, el 4 de enero de 1920.
El centenario de su muerte coincide con una de las investiduras más
complejas de la democracia, una jornada, que le encantaría al escritor canario.
Galdós fue el gran cronista de una época convulsa en España. Llegó a escribir
que bastarían, como mínimo cien años más, para que, en este tiempo, si hay
mucha suerte, nazcan personas más sabias y menos chorizos de los que tenían
actualmente. Una reflexión que cien años después nos lleva directos al Congreso
de los Diputados.
Como político refleja en su compromiso como republicano, (salvo su apoyo
a Prim y al efímero monarca Amadeo de Saboya), que le llevó a apoyar la
revolución Gloriosa de 1868 contra Isabel II. Galdós llamaba a los moderados
unas "momias animadas". También criticaba a los liberales y, de los
neocatólicos, decía que eran un partido amigo de las tinieblas. Su crítica a la
política no era hacia un partido concreto; sino a un sistema donde reinaba el
caciquismo y donde ya se hablaba de casta.
Dentro de su extensa obra se pueden
considerar La desheredada (1881), Fortunata y Jacinta (1887), Misericordia
(1897), y Miau (1888)
Junto a Emilia Pardo Bazán y Leopoldo
Alas Clarín renovó la literatura de su tiempo.
El carlismo fue un gran quebradero de cabeza, Galdós retrató a varios
personajes carlistas y del partido en sí dijo: "Como partido inmoral y
corrompido busca el carlista amparo en la legalidad cuando espera sacar de ésta
alguna ventaja; pero la menosprecia y ultraja cuando ve frustradas sus
esperanzas".
En toda su obra hay una búsqueda permanente de la identidad española.
"En sus primeras novelas expresó su fe en la capacidad reformista de las
clases medias. Durante la Restauración advirtió con pesar que las clases medias
se habían integrado en el sistema y habían claudicado ante los poderosos. A
principios del siglo XX consideró que la verdadera patria estaba integrada por
los trabajadores que luchaban para mejorar sus condiciones de vida.
Cánovas del Castillo fue el último que consiguió escribir, más bien dictar,
puesto que ya la ceguera no le permitía hacer casi nada. Dejó por terminar los
episodios correspondientes a Sagasta, Las colonias perdidas, La
reina regente y Alfonso XII. Con ellas hubiera culminado su retrato
y análisis de la restauración, uno de los momentos clave de la historia
española.
Los Borbones, los políticos bipartidistas, hasta republicanos y comunista...
nadie se libró de la crítica galdosiana. Tampoco la Iglesia. Su obra más
destacada de toda su producción teatral, Electra, desató todo un
movimiento anticlerical.
Su obra más política y con la que Galdós ha pasado a los anales de la
historia es la colección de 46 novelas históricas que recorren la historia de
España reciente. Que acaban en Cánovas del Castillo.
Un canario ilustre que, aunque quiso siempre a estas islas, también tenía
claro que sus paisanos por desconocimiento de su obra, por las envidias
caciquiles o simplemente por haberse instalado en Madrid no le consideraban
como merecía. Una obra extensa en la que si apareciera un Pérez Galdós
actualmente con toda seguridad que era merecedor de un Premio Nobel.
Solamente nos queda el recuerdo de un gran trabajo y de un gran hombre
nacido en esta isla y al que seguramente algunos ni siquiera conocen este dato.
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