Durante muchos años de docencia siempre hemos visto que los profesores son retribuidos de igual manera y si alguno cobra algo más es por los llamados trienios que consiste en abonarte una cantidad adicional a tu sueldo por los años que llevas ejerciendo. Con este sistema, todos los profesores son iguales y se ha eliminado las posibilidades de enfrentamientos, envidias y falta de compañerismo.
No entendemos que un hombre tan preparado como el filósofo José Antonio Marina, haya preparado el borrador del Libro Blanco del docente, sobre la base que una parte de la retribución de los profesores se relacione con la evaluación del centro o que existan buenos y malos profesores y no cobren lo mismo.
No entendemos lo que pretende el Sr. Marina ya que su sistema puede ser una trampa para los profesores y una liberación de los empresarios para evaluar mejor a los profesores afines y mantener a raya a aquellos que han entrado por el aro.
"De partida no hay profesores buenos y malos, todos son profesionales suficientemente capacitados para impartir la docencia, puesto que han superado procesos selectivos y han estado controlados por la administración como con los servicios de inspección", ha destacado el presidente de la Enseñanza del CSIF, Adrián Vivas.
Como en todas las profesiones, "unos pueden ser mejores que otros" -continúa Vivas- pero eso se corrige con la carrera profesional y sí se puede diferenciar con "pluses" a las personas que se implican o se forman más.
Pero retribuir al docente según la evaluación de un centro en su globalidad o porque saquen mejores notas sus alumnos es "demagógico", según Vivas, que, además, cree que ello conllevaría a un ránking de colegios y a una clasificación de estos y de los estudiantes.
No esperábamos este tipo de soluciones de una persona con tanto prestigio como el Sr. Marina puesto que él sabe que su método trae la competitividad entre el profesorado y lo que es más peligroso: entre los alumnos de los diferentes grupos.
Si el objetivo de un docente es conseguir una educación integral del educando, no se entiende que se refuerce la pugna entre los propios profesores para llevar un poco más de dinero a sus casas.
En la enseñanza puedes encontrarte con compañeros que se esfuerzan para sacar adelante a una clase en la que por azar le llegó un grupo de alumnos con dificultades de aprendizaje y de comportamiento. Estos compañeros pasan el curso sacando adelante los objetivos de la evaluación con mucho sacrificio y su labor no es reconocida ni siquiera por los propios padres que además pretenden que sus hijos les lleven a casa grandes notas. ¿Que se tiene que hacer con ese docente?¿Se le debe remunerar con un complemento en su salario o quizás no porque su clase tiene alumnos con limitados conocimientos y un mejorable comportamiento?
¿Según el Sr. Marina este profesor debe tener una retribución por su labor? ¿Por qué se deja en manos de la evaluación del Centro la misma. ¿Y quién evalúa al propio Centro? ¿La dirección y el Consejo Directivo? ¿El Consejo Directivo y en Ampa? ¿La administración del Centro?
Como pueden observar es muy difícil llevar a cabo un sistema que en lugar de unificar el compañerismo, la convivencia y el trabajo en equipo, hace todo lo contrario.
En estos momentos no me gustaría estar en activo si me van a pagar según los criterios de unos señores que nunca han estado en un aula solucionando los problemas de un colectivo de alumnos con problemas, si al final, a mi compañero por hacerle la pelota al director de turno le van a pagar una asignación por su rendimiento.
Entiendo que la cosas cambien, pero es que los cambios que se están produciendo convierten al profesor en un oficinista que llena hasta un papel si el niño va al baño, que se enfrenta a unos padres que creen que se les debe atender a cada hora que ellos propongan porque creen y aseguran que te pagan el salario, que tienes que estar pendiente de lo que te puede llegar de la Dirección si tienes algún conflicto con alguna familia, para que al final no solo te lleves a casa los exámenes para corregir, sino un sueldo a capricho de unos pocos.
Debo rendir homenaje a mis compañeros y compañeras cuya vocación elimina todos los escollos que cada día se le presentan al entrar en su aula.
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