viernes, 21 de julio de 2017

UN CURA POCO CATÓLICO.

Una nueva historia del clero de la Iglesia Católica digna de ser contada:
Un pequeño pueblo de Ciudad Real de 1.200 habitantes con un templo de interés artístico - bella iglesia barroca edificada entre 1613 y 1729, la parroquia del Santísimo Cristo.- ha estado regido hasta este momento por un cura de casi dos metros de altura conocido por el nombre de Don Miguel – Miguel Palomar – que durante los años que ha estado en esta parroquia le ha hecho la vida imposible a los habitantes, con sus actos, sus acciones y su manera de llevar adelante su apostolado

Este podemos llamarle individuo – y no es una falta de respeto – tiene sobre sus altas espaldas cosas como estas:

· Negarle la comunión a Ramona María del Pilar. Esta señora no tenía más pecado que el de ser una mujer adinerada y que ha destacado por hacer obras de caridad, donar dinero para proyectos sociales del municipio o ayudar a ONGs. Dentro de esas ayudas se hallaba una habitual como era una donación anual de 6.000 euros que mantuvo durante años. Sucedió que un día Ramona no quiso proseguir con la donación al cura pues no le agradaba su carácter y desconocía qué hacía el cura con las ayudas. Además de ello había optado por dar sus dádivas a otras asociaciones de ayuda social.

En una de las misas a las que Ramona acudía puntual y "religiosamente", el cura ante el estupor del resto de los feligreses que recibían la comunión, le hizo un desplante y la dejó sin recibir el sacramento. Esto sucedió tras la negativa de la mujer a seguir donando los 6.000 euros.

· Cabe destacar por inhumana e increíble, cuando en una ocasión no quiso enterrar a una mujer tras llevar la fallecida 24 horas en el tanatorio. La razón para no hacer su oficio fue tan inexplicable como que tenía que emprender un viaje.

· Se negó a dar la comunión a una madre por llevar a su hijo en brazos.

· Este cura llegó a decir en una homilía que “quien tiene enfermedades como el cáncer es porque se lo merece”.

· Era enemigo de la colocación de rampas para el acceso de personas discapacitadas a la parroquia, y que el templo de gran interés artístico, fuera visitado por turistas.

· Dentro de sus irresponsabilidades, dan cuenta los vecinos al recordar como olvidaba las fechas de las bodas o simplemente se dormía a la hora de oficiar un funeral. También se rememora actitudes algo violentas como el hecho de que en una boda comenzó a patear los ramos y coronas de flores.

Por todos estos hechos el obispado le ha retirado del pueblo San Carlos del Valle  – con gran algarabía y fiesta de los vecinos – y enviado al Archivo Diocesano, un puesto burocrático alejado del contacto con los ciudadanos.

Se le acabó el chollo a este gigantón que nunca tuvo respeto por aquellos que le daban de comer y que hoy tiran petardos para festejar su partida.

 

 

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