domingo, 8 de mayo de 2016

AL PADRE HIPÓLITO ALONSO.


Siempre añoró los campos de su querida Soria, y como Machado, soñó con caminar en la tarde, colinas doradas, verdes pinos y polvorientas encinas.

Durante más de treinta años pasó las tardes pardas y frías viendo estudiar a los colegiales mientras las gotas de lluvia se mecían tras los cristales .

Ayer, una tarde clara, nos llegó la noticia que entre jazmines y rosas blancas, nuestro amigo Hipólito había partido camino del infinito dejando tras sí una estela de amistades y el cariño de todos los que convivimos tantos años y disfrutamos de su amistad.

Hombre humilde, sereno, fiel con sus amigos y gran maestro de la Literatura y la Lengua Española, dejó media vida en esta Isla a la que amó por encima de muchas cosas y a veces hasta más que algunos nacidos en ella.

Hipólito – Padre Hipólito – como todos le conocimos consideró que antes de cualquier objetivo terrenal estaba su amor a Dios y a él se entregó en cuerpo y alma con la única arma que dominaba: La Enseñanza.

Miles de alumnos y cientos de compañeros estarán hoy muy afligidos con su muerte y esa pena que nos embarga servirá para que nunca dejemos de pensar en él. Viviremos con el recuerdo de los momentos que disfrutamos en nuestro centro de trabajo y la lucha por conseguir la formación de personas que seguramente le echaran de menos.

Ya solamente nos queda decirle adiós, con un abrazo, rogando que se encuentre con el “Padrito” y desde las estrellas recuerde a los que seguimos viviendo en este mundo.

Y como final, quiero dar lectura a unos versos del mismo Machado que con toda seguridad les será familiar a aquellos alumnos que tuvieron la suerte de estar en sus clases.

¿Morir……..¿ Caer como una gota

de mar en el mar inmenso?

¿O ser lo que nunca he sido:

uno, sin sombra y sin sueño,

un solitario que avanza

sin camino y sin espejo?


¡ Hasta siempre Padre Hipólito¡




















 

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