domingo, 13 de abril de 2014

UN EX PRESIDENTE PARA LA HISTORIA.


Hace diez años que José María Aznar dejó la Moncloa y durante este tiempo mucho se habla y se hablará sobre la personalidad del ex presidente y la relación con el Presidente Rajoy, con los miembros de su gobierno o con los responsables de un partido en el que él era el máximo poder.

Con motivo de la muerte de Adolfo Suarez y de la inscripción que figura en su lápida : “La concordia fue posible”, el Sr. Aznar ha dicho: “No quiero ni tumba, ni panteón, ni pasar a la historia, ni nada de nada".

Ha asegurado que le "cuesta mucho" ganarse "honradamente la vida" y ha añadido que paga "hasta el último" de sus impuestos, cuando se cumple la primera década desde que abandonara el Palacio de La Moncloa

Reconoce que cuando pasa largas temporadas trabajando en el extranjero, "muchas veces", le gustaría tener a su lado a su mujer, Ana Botella. "Las cosas son como son. Hay que trabajar duro", ha añadido. Según ha explicado Aznar, "uno inicia proyectos para que otros los sigan" y "lo importante en política es una continuidad que se cimiente en ideas, convicciones y valores", es decir, que "no haya bandazos" ni empezar "de cero cada cuatro años". "Así nos ha ido en España con esos cortes históricos",

"Tenía claro que ser presidente de mi país era lo más importante que podría ser en mi vida y a partir de ahí tenía que construirme una nueva existencia. Y demostrar que hay una vida después de La Moncloa. Y lo he conseguido. Tengo mucho trabajo y soy razonablemente feliz", ha manifestado, para añadir que no se arrepiente de no haberse presentado a un nuevo mandato porque fue una decisión que tomó "libremente".

Sin lugar a duda no se le puede llevar la contraria al Sr. Aznar sobre la idea que tiene de cómo quiere que se le trate después de muerto, pero no debe olvidar que la historia no la escribe ni él ni las FAES que la escribe el pueblo, y ese pueblo no olvidará ni la foto de Las Azores ni la intervención de España en la guerra de Irak en la que él les metió para hacerle el gusto al Presidente de los Estados Unidos con el que compartía hasta la costumbre de poner los pies sobre la mesa más cercana.

Tampoco olvidará ese mismo pueblo la prepotencia con la que tomaba decisiones y el trato que dio a sus oponentes. Por lo tanto estamos seguros que le veremos en la historia como un presidente que utilizó su poder para conseguir sacar adelante sus ideas sin tener en cuenta los intereses de su pueblo.

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